La duda ha muerto. Lo que contaron los refugiados convirtió la sospecha en una certeza.
El camino está marcado y ya no hay excusas para quedarse.
Jaro se pone en marcha.
El guardaespaldas de Jaro tenía todo planeado para escapar.
El precio a pagar será alto y lo peor de todo es que no están solos.
La pista del paradero del próximo integrante del grupo es cierta.
Pero las cosas en una taberna no siempre son festivas y pacíficas.